
La playa, medio sábado y medio domingo, un cámping, puertas por todas partes, todas abiertas, enormes, incluso la del mar. Qué cosas. Estuve paseando por el borde de esa playa tarraconense como si no pasase nada. Atento, por si acaso, es agua, y mucha, pero al menos no salí corriendo a lo loco.
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