Arte. Ahora que voy entendiendo el pensamiento de los humanos se me hace claro algo que me llenaba de incomprensión al comienzo de esta evolución desde el sólo perro que fui hasta este híbrido que soy ahora, y que comenzó aproximadamente hace dos pares de años: la necesidad de los artistas de reflejar lo que ya existe o lo que no y se lo inventan..
Mi comprensión, lenta al principio, me dejaba entrever situaciones lógicas; el lenguaje me ayudaba a discurrir con causalidad y a estructurar los pensamientos; y era extraño ese comportamiento de los pintores, los escultores... me sorprendía la literatura, el cine... Fue más adelante que mi percepción se fue agudizando y mi intelección se abría paso con mayor fluidez y lucidez.
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Ahora voy entendiendo. Voy comprendiendo cómo la idea moldea la forma, extrae de un plano un mundo, construye una historia, sugiere un sentido... Y voy descubriendo que detrás de la realidad hay otra, furtiva, alejada de la racionalidad. Que esconde la verdad.
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En su obra, el escultor y pintor Alberto Giacometti persigue una definición de un personaje a través del movimiento, en sus piezas más conocidas, pero sobre todo busca a ese personaje y la plasmación de su carácter, con toda la supuesta carga trascendente que lleva encima, a través de la mirada, según él lo único que diferencia a un cuerpo muerto de una escultura. Sin embargo, es en la pintura donde Giacometti demuestra que es un escultor. Es capaz de construir en un plano un rostro (el resto del cuerpo, incluso el color, es prescindible) que pareciera construido en bronce. Rasca el papel con el pincel creando profundidad y, por eso, acerca a la visión los rasgos sobresalientes del rostro.

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