(Fotografía: más a gusto que un arbusto, en Altet, Lleida)
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Mis dueños, cada cierto tiempo, deciden jugarse la vida en la carretera, en fin de semana siempre, para que las probabilidades de sufrir un accidente sean altas. Los viernes por la tarde salen en coche a vete tú a saber dónde y vuelven el domingo por la noche de vete tú a saber por qué. Como la mitad o más de Barcelona. Lo peor es que mi vida viaja con ellos, pero, en fin, qué puedo decir yo que soy un perro.
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Mis dueños, cada cierto tiempo, deciden jugarse la vida en la carretera, en fin de semana siempre, para que las probabilidades de sufrir un accidente sean altas. Los viernes por la tarde salen en coche a vete tú a saber dónde y vuelven el domingo por la noche de vete tú a saber por qué. Como la mitad o más de Barcelona. Lo peor es que mi vida viaja con ellos, pero, en fin, qué puedo decir yo que soy un perro.
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Mañana salimos para Altet, Lleida. En Altet vive la madre de mi dueña con su pareja. Y Altet es un pueblo entre muy y bastante pequeño donde, como se puede ver en la imagen, se está muy a gusto, lo cual se agradece. Altet está más cerca de Lleida (hacia el interior, hacia el resto de España) que de Barcelona y tiene al lado la conocida Tàrrega (Ruta del Císter), donde sin ninguna duda hacen el mejor fuet del mundo, que raras veces me dejan tastar.
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Siendo perro, ya me he acostumbrado a no poder hacer determinadas cosas, como ir a teatros y salas de conciertos, entre muchas más. Me salva que existe el DVD, internet, ahora, pero me mata no poder asistir a espectáculos que no sean al aire libre.
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Al aire libre fue una de las actividades que se hizo en la última edición de FiraTàrrega, un festival de teatro en la calle y en espacios cerrados (o sea, en todas partes), a la que no fui. Ellos, los humanos, se fueron a ver dos obras de teatro, una el sábado por la tarde y otra el domingo por la mañana, dejándome en un caso de lazarillo y en otro en un patio, ahí plantao, como el perejil, pero a la sombra. Encerrado como una vulgar gallina (con todos mis respetos a las gallinas, las pobres, que ni siquiera son conscientes ni de que existen, como para sentirse ofendidas).
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Además, el sábado por la noche se acercaron a un pueblo a quilómetro y medio de Tàrrega (Ruta del Císter), otra asaz pequeña villa de nombre Talladell (Ruta del Císter) donde tuvo lugar una instalación (sic): prácticamente entero, el pueblo se llenó de fuego. Fuego en macetas, macetas en estructuras, fijas y en movimiento. Y yo me lo perdí.
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Reproduzco a continuación dos vídeos que muestran parte de lo que ocurrió allí.
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Siendo perro, ya me he acostumbrado a no poder hacer determinadas cosas, como ir a teatros y salas de conciertos, entre muchas más. Me salva que existe el DVD, internet, ahora, pero me mata no poder asistir a espectáculos que no sean al aire libre.
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Al aire libre fue una de las actividades que se hizo en la última edición de FiraTàrrega, un festival de teatro en la calle y en espacios cerrados (o sea, en todas partes), a la que no fui. Ellos, los humanos, se fueron a ver dos obras de teatro, una el sábado por la tarde y otra el domingo por la mañana, dejándome en un caso de lazarillo y en otro en un patio, ahí plantao, como el perejil, pero a la sombra. Encerrado como una vulgar gallina (con todos mis respetos a las gallinas, las pobres, que ni siquiera son conscientes ni de que existen, como para sentirse ofendidas).
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Además, el sábado por la noche se acercaron a un pueblo a quilómetro y medio de Tàrrega (Ruta del Císter), otra asaz pequeña villa de nombre Talladell (Ruta del Císter) donde tuvo lugar una instalación (sic): prácticamente entero, el pueblo se llenó de fuego. Fuego en macetas, macetas en estructuras, fijas y en movimiento. Y yo me lo perdí.
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Reproduzco a continuación dos vídeos que muestran parte de lo que ocurrió allí.
Éste es uno, ahora va el segundo.