Como buen perro, me sé hacer el tonto. Porque lo he sido. Con bastante frecuencia, no lo puedo negar, mis dueños me dedican ratos en los que me tocan. A mí si me tocan me hago el perro y me tiro al suelo a que me pasen la mano por donde quieran. Y, hala, a tocarse todos. También me hago el tonto si hay por medio comida. Y tiene sus riesgos y alguna vez me llevo un palo, pero, chico, un bocado es un bocado, eso por encima de prácticamente todo.
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Ayer les tiré al suelo un bol de ensalada entero. Yo iba a por el pan, que conste, de hecho me lo acabaron quitando de la boca, pero estaba el bol por el medio y, mira, se cayó, ya lo siento.
2 comentarios:
Bueno, me alegra que fueras a por el pan. Ya estaba preocuapada ¡¿ahora le gusta la ensalada?!
Parece que sigues pareciendote a tu dieño, y calculas fatal las distancias cortas.
Pero yo te quiero igualmente,peludo.
¡Qué bien sienta sentirse querido! y un te quiero por escrito vale más, las palabras se las lleva el viento. Suertudo.
Y si además te tocan... mmm, mejor. Creo que te haces el tonto diciendo que te haces el tonto cuando te tocan, tonto, debes admitir que es muy muy agradable. Estiarse, patas arriba, y que te repasen de arriba a abajo. Eso se disfruta, inclusive si te lo hace alguien que no quieres, sólo basta que te caiga bien.
Ahora mismo, yo también disfruto de ser querida. Volvió mi hombre y no paramos de acariciarnos, me sobo contra él, me hago un nudo sobre sus piernas mientras lee o escribe o me subo a su cuello a modo de estola y de vez en cuando le clavo mis uñas, sólo un poquito.
Te he hecho mi confidente, es que te he tomado confianza, espero que no te moleste. No tengo ningún otro animal a mano con quien conversar.
Kika
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