Cuando nací yo era una cosa pequeña, peluda, muy negra y con cara de tonto. Muy tierno todo, de arriba abajo. Curiosamente nací en Barcelona, ciudad que habito en la actualidad y cuyo callejero me conozco como las almohadillas de mi pata. Mi segundo viaje (el primero fue en coche) fue en avión. Llegué al aeropuerto de Barajas con mi cara de tonto y mi cabeza pequeña torcida, cara de incomprensión, sin ponerme en el suelo casi y sin saber, cuando el casi. De allí a Salamanca, de nuevo en coche, mi tercer viaje.
.
Todo esto se lo he oído contar en varias ocasiones a mi dueño. Mis recuerdos son lo que él me cuenta cuando se lo hace a otros y yo estoy presente. Salvo para algunas cosas, no tengo memoria. Es lo malo de los perros. Otros ni siquiera saben que no tienen memoria.
.
Desde el principio he determinado en parte la vida de mi dueño, le he modificado en ciertos sentidos y obligado en otros a cambiar si queríamos convivir juntos. Él es más grande y yo más indefenso, eso también define aspectos de nuestra relación. Pero este tío recoge cacas del suelo y las mete en una bolsa.
Por descontado, la gente que ha rodeado a mi dueño en estos años, sobre todo en la esfera íntima, ha experimentado y experimenta asimismo un viraje en determinados hábitos. Ánimo. Mi dueño lo dice, dice "soy con sidecar". Esto no anula un enorme amor animal por todo su entorno, eso he de dejarlo claro también.
No hay comentarios:
Publicar un comentario