martes, 20 de mayo de 2008

Ven conmigo a Los Ángeles


Una de las actividades en las que he pensado últimamente, por paliar el tedio de muchas horas muertas e intentar contribuir a la economía doméstica (que siempre se me quejan de que no hago nada, sólo que ensuciar) es la creación de textos para camisetas. A mí dueño le gustan mucho las camisetas, casi sólo lleva camisetas, el muy impresentable, por eso he visto un buen número de ellas, además de en mis paseos. Éste que muestro es el primer diseño: "Ven conmigo a Los Ángeles" (trad. del inglés "COME with ME to L.A.", texto original). Espero que os guste y disculpad la letra.

viernes, 16 de mayo de 2008

Chicles en la calle Cucurulla

Lo que muestro aquí a la izquierda es una parte del centro de Barcelona. A la izquierda se puede ver la Rambla y a la derecha Vía Laietana, por lo que nuestra vista sobrevuela la zona del barrio Gótico, junto a la catedral, que se encuentra en la avenida a la que da nombre. Para llegar a ésta, desde plaza Catalunya, se va bien por Portal del Àngel; pero si una vez en esta calle no queremos ir hacia la catedral, podemos encaminarnos hacia la plaza del Pi, por ejemplo, pasando por la calle Cucurulla, que me he permitido señalar con una flecha negra y un fondo verdoso. La calle Cucurulla tiene una densidad media de 52 chicles por metro cuadrado, según la empresa Gumbusters, que se dedica a limpiar de chicles las calles. Frente a una tienda de llaminadures (golosinas, en catalán) sita en esa calle, la densidad aumenta hasta 114.

La curiosa información me permite dirigir la atención a una de las zonas fundamentales de esta ciudad. Esto era todo. También me acordé del amigo homónimo de mi dueño que le tiene una tirria enorme a la gente cuando come chicle.


Frase del día: "Un caballero es alguien que nunca ha oído contar antes ninguna historia", de... alguien.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Una norma: No fiarse de los periodistas

Fotografía: Página 3 del ADN de Barcelona del jueves 27 de septiembre de 2007.

Cuando me quedo en casa solo, hecho que ocurre con bastante frecuencia, una de las actividades que realizo a solaz es la lectura de los periódicos que acumula mi dueño en su despacho. Alguien tiene que leerlos, digo yo. Si bien encuentro siempre la dificultad del paso de página, dada la ausencia de pulgar, el tiempo me ha hecho desarrollar las herramientas para desenvolverme en diferentes terrenos. Ésta es una dificultad de nivel 1 (sobre 10). Hojeando uno de los diarios ('ADN Barcelona', del 27 de septiembre de 2007), llamó mi atención una noticia en la que una maltratada no podía pagar los costes del abogado de oficio que aceptó pensando que era gratis (sólo lo es cuando uno no es solvente) en el juicio contra su marido. Leyendo con más detenimiento, descubro que la protagonista es nombrada como M. T. y, tras estas siglas, entre paréntesis, la redactora añade: "cuyo nombre prefiere no revelar". Sin embargo, al fijarme en la fotografía, en cuyo pie de foto reza: "La víctima. M. T. leyendo una de las denuncias interpuestas contra su ex marido...", descubro algo que me alarma.
Miro la imagen y descubro que, efectivamente, es una denucia de la víctima, que señala con el dedo uno de los párrafos del inconfundible papel del juzgado. En esta fotografía, un poco por encima del dedo de la víctima cuyos apelativos prefiere no revelar, podemos desentrañar el misterio de su nombre, sus dos apellidos, su lugar de nacimiento, día, DNI y que sus padres se llaman Victoriano y Dolores, además de poder visitar su hogar (dirección completa), así como llamarla a través del teléfono móvil, que consta con todos sus hermosos nueve dígitos.
Aunque sé que es la profesión oficial de mi dueño, no os fieis de los periodistas en temas importantes, porque a veces son unos cabrones, y otras se despistan, y quizá a nadie se le ha ocurrido emborronar esa parte del pliego judicial de la fotografía o a la periodista se le olvidó avisar a M. T. de que le iba a hacer tanto caso como refleja la noticia de apertura de este diario, aquel día.

jueves, 8 de mayo de 2008

Instinto cazador

Fotografía: Clases de caza. Tres momentos. 1 de 3. Captura y muerte.

Desde que estoy en esta ciudad costera he hecho un poco de todo. De todo a lo que puede acceder un perro en una sociedad humana. Que no es mucho... He tenido tiempo libre, la verdad. He podido leer un buen número de libros y navegar por Internet, donde me defiendo mejor, antes que con el ratón convencional, con esa superficie rectangular añadida al teclado, sensible al tacto, que en inglés se denomina Touch Pad y que en castellano posiblemente tenga un nombre, que desconozco, aunque no me extrañaría saber que se llama o acabará llamándose tachpad.

Para romper con esta trayectoria que para unos es la de un vago y para otros motivo de envidia, decidí dirigir mi energía, acumulada durante meses y meses de actividad entre leve y moderada, a un fin social: la formación de individuos desfavorecidos, a fin de entregarles las herramientas que les permitan desarrollarse en un entorno duro y competitivo. Encontré en la Sociedad Protectora de Animales de Barcelona el espacio que buscaba. Así, todos los lunes, miércoles y jueves me desplazo hasta este centro de acogida de animales y, de 18.00 a 21.00 horas, entrego a no más de una docena de escuálidos y desdentados mis conocimientos más útiles. Mi primera lección, la que considero es la base para su supervivencia en un entorno hostil, fue una clase práctica sobre "La especie canina y la defensa de sus derechos: sociedad e incisivos" (las notas básicas de esta materia se encuentran en apuntes.rincondelvago.com/apuntes_fp/educacion_infantil/animacion_dinamica_grupos, y la verdad, no sé por qué).


Fotografía: Clases de caza. Tres momentos. 2 de 3. Para la foto; cazador y trofeo.

Como eje central de mis ponencias sobre agresión y muerte en este centro barcelonés he tomado como ejemplo a un individuo de raza humana, cuyo comportamiento en muchos casos está más cercano al reino animal y, desde mi perspectiva, muy por debajo de mi nivel de raza canina según los parámetros humanos, llamado Antonio. Este ser, de reciente aniversario (felicidades, me dicen que le diga), ha protagonizado, por lo que he podido primero conocer y luego contrastar, una media docena de las más impecables secuencias de acecho, acoso, ataque y derribo de, en realidad, casi siempre la misma víctima (despistada, con cara de gacela Thompson), vistas por el ser humano. De National Geographic.


Fotografía: Clases de caza. Tres momentos. 3 de 3. Despiece.

Frase del día (es inevitable, lo siento): Cuanto más se aprende a conocer al hombre, más se aprende a estimar al perro.

lunes, 5 de mayo de 2008

Pis y caca


(Fotografía: a punto de hacer caca en la nieve; yo, en el Vall de Núria, Pirineos).


Considero que tengo dos lugares donde hacer mis necesidades básicas: en la calle y en casa. No depende de mí la elección. Llega un momento en que las cosas se han de hacer, y yo soy un perro civilizado y mi relación con el entorno es armónica, pero todo tiene un límite. Así que soy sacado a la calle unas tres veces al día, perseguido por mi dueño, que va recogiendo en bolsas de plástico mis trocitos de caquitas, que de un ano tan pequeño como el mío no se piensen que salen fardos. Es cierto que a veces sorprende la cantidad, he llegado a cagar hasta ocho veces en un sólo día, pero por lo general extraigo tres piezas de una cómoda consistencia. Para animar la cosa, camino mientras cago, a veces trazando una circunferencia, y distribuyo mis heces en un amplio radio. Soy un perro al que le gusta distinguirse, o al menos distanciarse un poco de los demás miembros de mi especie, por eso llevo a cabo este tipo de acciones. Mi dueño afirma que cuando cago adopto la postura del Tiranosaurus Rex (ver foto), pero yo soy bastante menos ruidoso, bastante menos grande y, sobre todo, bastante menos extinguido.


Pensamiento al hilo: Estoy convencido de que un Tiranosaurus Rex mudo acojonaría igual que otro con su aparato fonador intacto.


Otro pensamiento: El otro día pasábamos mi dueño y yo por delante de un bar donde un perro esperaba a la puerta, atado, mientras su dueña perdía el tiempo y el dinero en una máquina tragaperras. El perro estaba a lo suyo, pero la señora no se daba cuenta de que también ella era una máquina, la que complementaba a la otra. Se come siempre más de lo que se caga. De la misma manera la máquina tragaperras siempre va a necesitar más de lo que va a dar. Es cierto que a veces da premios gordos, pero quién no se ha sorprendido ante una enorme cagada.


Frase del día: "Si no te gusta la opinión que tengo sobre ti, siempre puedes intentar mejorar". Ashleigh Brilliant.

sábado, 3 de mayo de 2008

Un tópico

(Fotografía: Comida, punto cardinal. Yo en San Juan de Alicante)
Un tópico: Ser perro tiene sus ventajas y sus inconvenientes. De las ventajas, quizá la más envidiada por los humanos sea la de poder lamernos los genitales. De los inconvenientes, que no tenemos pulgar. Y dale.

Entre las ventajas más deliciosas se encuentra en los primeros puestos la ausencia de preocupaciones, algo que para los humanos es sinónimo de o va unido a la ausencia de inquietudes. Pero el mundo ofrece a la raza canina cuatro puntos cardinales: comida, cópula, territorio y reposo. Cuando están definidos y dados por ciertos y perdurables estos cuatro puntos, se abren las puertas del juego, el deporte, el ejercicio. Y, aunque no lo crean, una vez satisfecho todo lo anterior (que a veces pasa, no muchas), el perro descubre que tiene capacidad para la lectura de la lengua humana y por tanto para su interpretación, aunque no para su reproducción. Cuando uno de los pocos dotados con este don intenta pronunciar palabras, lo más cercano que le sale es guau. Y qué cojones significa guau.
Revelando estas capacidades propias de tan escasos individuos me siento como un mago cabrón contando los trucos. Pero es que a veces en los juegos de magia es más sorprendente cómo se oculta al espectador la trampa que el propio truco.

Mudanzas

En aquella ciudad de interior de la que hablé antes tenía un hogar, un bar llamado Birdland. Había otros hogares, eventuales unos, otros permanentes pero poco visitados... Hogares de estos últimos he vivido hasta una docena en mis más de siete años humanos de vida. Una docena de cambios de casa.
Lo bueno de no tener pulgar es que si uno quiere ayudar con las mudanzas, al final sólo entorpece. Es divertido ver cómo unos capullos cambian cajas de sitio; ahora está la casa llena, ahora vacía...
Casi cada seis meses de mi vida, por extraer una media, hop, para otro lado. Y el pringao éste que me dice lo del pulgar, el calvo cabrón de mi dueño, cajas arriba, cajas abajo, sudando como un desgraciado...
Espero que perdonen mi lenguaje, yo hablo lo que he aprendido.

Mañana: Ventajas e incovenientes de ser un perro.

Presentación

Mi nombre es Orfeo Negro y mi número de identificación canina es el 0724098101220262. Sí, soy un perro.

Los humanos habéis determinado considerarme un perro de raza pequeña-mediana, un cocker americano. Nos caracteriza nuestro morro chato, nuestras manos grandes y nuestro rabo largo. Como se puede ver, soy negro.

Vivo en una ciudad, costera. Y detesto el agua. Profundamente. Salvo la de beber. Esquivo los charcos, hasta los lapos, y cuando llueve voy de puntillas; tiemblo ante una ducha y entro en pánico frente a una piscina, un lago, el mar... Por este motivo no me gustan las playas, y me molesta la arena entre las almohadillas de las patas, entre otras partes.

Por lo que sé, nací en esta misma ciudad, pero por circunstancias que ignoro, fui trasladado con apenas mes y medio a otra ciudad, ésta de interior.

Para un perro, siendo sinceros, una ciudad es la misma que la anterior. No nos engañemos, son cubos de casas unos tras otros, con deliciosas esquinas, vehículos de diferentes tamaños y rumores, gente... y olores, todo olores. Es difícil centrar la atención en otras cosas con tantos y tan intensos olores. Para un perro, una calle sería lo que para un humano un pasillo de una biblioteca o una librería.

Creo que he puesto un ejemplo minoritario, pero se me entiende.

Esto de que se me entienda, ¿no le da que pensar?



Tengo un dueño que dice que él es con sidecar. Soy con sidecar, dice, por mí.

Otra cosa que me dice siempre es que esto no puedes hacerlo porque no tienes pulgar. Menudo hijo de puta.